La Nicol.

Cuando el jefe de hogar encontró un trabajo en el norte, su mamá se quedó sola en Santa Juana con ella y sus hermanos. Eran 4 cabros chicos camotes, que todo el día la picaban con palitos o le enterraban clavos, porque sabían que la pobre de la cintura para abajo no sentía nada. La Nicol era la menor de 5 hermanos. Y siempre la dejaban en un cajón de fruta en el patio para tomar el sol, porque les habían dicho que a la niña le faltaba vitamina D pa' caminar. Ella se pasaba el tiempo, con sus ojos inmensos, mirando el cielo. A veces, le caían las hojas en la cara pero solo se las sacaba el viento. Otras, le caminaban caracoles por la boca y más de alguna vez la mearon los perros.
Cuando su mamá se llevaba a los niños al colegio, agarraba el cajoncito y la metía en la leñera. Ahí se le paseaban lo ratones pero nunca la mordían. ¡Qué la iban a morder! ¡Si era puro hueso esa niñita!. Después de dos horas, la mamá volvía y la tiraba al sol de nuevo.Un día como tantos otros, la metieron a la leñera. Pero nadie regresó.
Con sus ojos grandes y asustados vió caer la tarde, vió llegar el frío, vió salir el sol... Vió salir arañas, oyó cantar a los grillos y se abrigó con los ratones.
Un mes después encontraron a la Nico.

   

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