La Ale.
Era la niña más linda de la clínica. Nació en Las Lilas, con sus ojos verdes y transparentes. Sus pestañas largas, su boquita rosada y los brazos gorditos. ¡Era tan tierna y tan risueña aquella princesita! Era el chiche de la casa. Nació en cuna de oro. Tenía de todo.
Vivían en el centro de la ciudad en una de las casas más lindas que miraban al cerro. El Cristo la miraba por la ventana, ella le sonreía y la virgencita de la pared le mecía la cuna.
Su cabello dorado se enroscaba en su cabeza haciendola parecer una verdadera muñeca de porcelana. Pero la muñeca se quebró.
El 15 de Abril del año 2009, justo cuando al terminar su primer cumpleaños... El Cristo del cerro no hizo nada. La virgen de la pared no hizo nada. La medallita no sirvió de nada. El sacramento no la protegió de nada.
Su mamá, de quien había heredado sus grandes ojos, la azotó en la pared.
Era la niña más linda de la clínica. Nació en Las Lilas, con sus ojos verdes y transparentes. Sus pestañas largas, su boquita rosada y los brazos gorditos. ¡Era tan tierna y tan risueña aquella princesita! Era el chiche de la casa. Nació en cuna de oro. Tenía de todo.
Vivían en el centro de la ciudad en una de las casas más lindas que miraban al cerro. El Cristo la miraba por la ventana, ella le sonreía y la virgencita de la pared le mecía la cuna.
Su cabello dorado se enroscaba en su cabeza haciendola parecer una verdadera muñeca de porcelana. Pero la muñeca se quebró.
El 15 de Abril del año 2009, justo cuando al terminar su primer cumpleaños... El Cristo del cerro no hizo nada. La virgen de la pared no hizo nada. La medallita no sirvió de nada. El sacramento no la protegió de nada.
Su mamá, de quien había heredado sus grandes ojos, la azotó en la pared.
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